miércoles, 23 de marzo de 2011

Algunos pensamientos de científicos escépticos (II)

A mucha gente Albert Einstein le parecía un hombre tan inteligente que, todo lo que salía por su boca, parecía que fuera una verdad revelada. Por eso muchos creyentes siempre buscaron en sus palabras algún rastro de creencia en lo místico o religioso.

Pero Einstein siempre mantuvo que lo milagroso del orden natural era la falta de milagros, y que su funcionamiento se ceñía a unas regularidades asombrosas. Para los que todavía duden de la fe de Einstein, él mismo se dedicó a aclararlo en una carta el 24 de marzo de 1954:

Era mentira, por supuesto, lo que leyó usted sobre mis convicciones religiosas, una mentira que se repite sistemáticamente. Yo no creo en un Dios personal; es algo que no he negado nunca, sino que lo he expresado claramente. Si dentro de mí hay algo que se pueda llamar religioso, es la admiración ilimitada a la estructura del mundo en la medida en que puede revelarla nuestra ciencia.

La Nobel de Literatura de 1921 Anatole France, si bien no es científica de profesión, sin duda tiene una mente científica y escéptica, como pone de manifiesto en su libro El jardín de Epicuro (respetuoso guiño a uno de los fundadores griegos del escepticismo):

Si a un observador de espíritu verdaderamente científico se le llamase para certificar que la pierna cortada de un hombre renació súbitamente en una piscina o fuera de ella, seguramente no diría: “es un milagro”. Diría: “Una observación hasta hoy única induce a creer que en circunstancias todavía indeterminadas los tejidos de una pierna humana tienen la propiedad de renacer, como las pinzas de las langostas, las patas de los cangrejos o el rabo de los lagartos; pero más rápidamente. (…) Procede esta contradicción de nuestra ignorancia, y claramente vemos que se debe rehacer la fisiología de los animales, o mejor dicho, que aún no se ha hecho. Apenas si data de doscientos años la idea de la circulación de la sangre. Apenas hace un siglo que sabemos lo que es la respiración.

El sabiondo y escéptico Henry Louis Mencken, si bien estaba muy tentado por el eugenismo y el darwinismo social, hizo grandes aportaciones contra los fundamentalistas bíblicos y otros fanáticos cuyo empeño era prohibir el alcohol y la enseñanza del evolucionismo:

Pero ¿en qué lugar del mundo hay un hombre que venere hoy a Júpiter? ¿Y qué decir de Huitzilopochtli? En un solo año (y esto sucedió hace apenas cinco siglos) sacrificaron en su honor a cincuenta mil jóvenes y doncellas. Hoy nadie lo recuerda, excepto quizá algún salvaje errabundo perdido en la inmensidad de los bosques mexicanos. Huitzilopochtli, al igual que muchos otros dioses, no tenía un padre humano: su madre era una viuda virtuosa y lo engendró tras un coqueteo aparentemente inocente que mantuvo con el Sol. (…) Damona, y Esus, y Drunemeton y Silvina, y Gannos, y Mogons. Todos ellos dioses poderosos de su época, venerados por millones, llenos de exigencias e imposiciones, capaces de atar y desatar, todos ellos dioses de primera categoría. Los hombres trabajaban durante generaciones para construirles templos gigantescos, templos con piedras grandes como carreteras. El negocio de interpretar sus caprichos ocupaba a miles de sacerdotes, obispos y arzobispos. Dudar de ellos equivalía a morir, generalmente en la pira.

Algunos pensamientos de científicos escépticos (I)

No importa si tienes fe en los milagros o en otros fenómenos sobrenaturales, no importa que rindas culto a Jesús, a Baal o a Zeus. No importa si eres racionalista, ateo, creyente o agnóstico. Tampoco importa que tengas fe en Santa Claus. Los siguientes pensamientos merecen ser leídos aunque sólo sea porque fueron prohibidos durante siglos de oscurantismo.

Son pensamientos acerca de cómo la ciencia erosiona el concepto de fe en lo sobrenatural; y como la única manera de avanzar científicamente es mediante un pensamiento fundamentalmente escéptico. No dudo que algunos de estos pensamientos podrán ofender las ideas de determinadas personas. Pero quizá va siendo hora de que no nos ofendamos por las ideas, porque entonces todo el mundo podría ofenderse por las ideas de los otros y… nunca se podrían publicar ideas nuevas o diferentes. De ningún tipo.

En el caso de las creencias religiosas, místicas o psedocientíficas, con más razón, pues como ya dijoChristopher Hitchens: “Lo que puede ser afirmado sin pruebas, también puede ser descartado sin pruebas.”

En cualquier caso, si hay algún hipersensible en la sala, que no siga leyendo y asunto resuelto. El resto, adelante. En cualquier caso, como espero que el hipersensible se quede y acabe diciendo que este artículo no es de ciencia, lo aclaro por anticipado: este artículo habla sobre filosofía de la ciencia; la ciencia es epistemológicamente la antítesis de la religión y cualquier otra superstición o pseudociencia; también se habla sobre la biografía de diversos científicos; se habla de biología, astronomía, paleontología y demás disciplinas; en definitiva, este artículo sí que cabe en un blog de ciencia. Y holgadamente.

Hechas estas aclaraciones preliminares, empecemos con el padre de la biología moderna, Charles Darwin, que fue progresivamente abandonando sus ideas religiosas a medida que aprendía sobre la evolución por selección natural, como explica en este pasaje de su Autobiografía:

Reflexionando sobre la necesidad de disponer de evidencias claras como requisito para que cualquier hombre en su sano juicio creyera en los milagros sobre los que está sustentado el cristianismo; y en que cuanto más sabemos acerca de las leyes de la naturaleza más increíbles resultan los milagros; en que los hombres de aquellos tiempos eran ignorantes y crédulos en unos niveles que hoy en día son resultan incomprensibles; en que es imposible demostrar que los Evangelios fueran escritos al mismo tiempo que los acontecimientos que describen; en que difieren en muchos detalles importantes, demasiado importantes a mi entender, como para que dichos detalles sean admitidos como las imprecisiones habituales de los testigos presenciales; a través de reflexiones de este estilo, que enumero no por ser de novedad o tener algún valor, sino porque a mí me influyeron, llegué gradualmente a descreer del cristianismo como revelación divina. Y tuve también en cuenta el hecho de que muchas religiones falsas se hayan extendido como un fango incontrolado sobre grandes regiones de la Tierra.

El filósofo Christopher Hitchens lo tiene claro: hoy en día disponemos de explicaciones mejores y más sencillas del origen de las especies y del universo (más sencillas porque son más coherentes y disponen de más evidencia, porque en realidad son infinitamente más complejas que las religiosas.) Por ejemplo:

Teniendo en cuenta que como mínimo el 98 por ciento de las especies de este planeta diminuto solo dieron unos cuantos pasos vacilantes antes de sucumbir a la extinción, ¿cómo se justifica el postulado de que toda esta desaparición masiva, salpicada de vez en cuando por grandes explosiones vitales (como la del Cámbrico), también tenía como única finalidad nuestra presencia?

Vía | Dios no existe de Christopher Hitchens